lunes, 31 de enero de 2011

El poder de la disculpa...


Estoy conmovida.
"El Loco" José se acercó a mí ventana hace unos minutos a pedirme perdón por lo que pasó.
Me reconoció lo mal que estuvo lo que hizo y lo mal que estaba él ese día.
Me comentó que en esos días el psiquiatra se iba de vacaciones y justo le retiró no se que medicamento y le cambió otro y que eso le descontroló el sistema nervioso y por eso se puso así y no tenía conciencia de nada.

(Gracias Dr. Gustavo Montero, muy profesional de su parte que a mi hija la insultaran, que a mí me quisieran matar, me rompieran la puerta y que pasaramos los días que pasamos, solo porque usted tenía prisa por irse de vacaciones. Ahora comprendo su "resolución" con respecto al caso, cuando para limpiarse de lo que le tocaba anotó en el informe: "no representa peligro para sí mismo ni para los demás", a pesar de la gravedad de los hechos. Siga tomando mate).
Bueno, volviendo al tema, José me aseguró que no pasaría mas, que se está tomando la medicación, que en aquellos días lo llevaron a un psiquiátrico y lo internaron y que estuvo muchos días drogado que no sabía nada de lo que ocurría a su alrededor.
Hasta sentí compasión de él porque se notaba avergonzado y medio nervioso, así que lo perdoné.

Y esto me motiva a copiar lo siguiente:

De toda la humanidad uno puede hacer dos sencillos grupos: los que se disculpan y los que no se disculpan.  Seguro que te ha pasado que le llamas la atención a una persona por algún buen motivo, (una razón justificada y de peso).  Pero cuando le llamas la atención la persona da mil argumentos, resiste, y hasta termina reprendiendo al que le reprende, porque cree que es una injusticia hacia él, y en lugar de simplemente reconocer su error y disculparse, toma una posición conflictiva nada agradable.

La persona que se disculpa:
  1. Se le abren puertas, porque inspira confianza.
  2. Es muy agradable para crear relaciones que pueden llevar a buena amistad y oportunidades.  Muchas veces, lo que hace el que se disculpa no solo es crear una relación nueva, sino sanar una relación que se había deteriorado.  La disculpa hizo el puente de la restauración.
  3. Le cae bien casi a todo el mundo (porque no siempre le caemos bien a todos).
  4. La persona que se disculpa aprende y mejora.
  5. La persona que se disculpa no hay que reprenderla con fuerza, de hecho, muchas veces se adelanta a la reprensión.
  6. La persona que pide disculpas demuestra fortaleza, no debilidad de carácter.
  7. La persona que pide disculpas camina en el espíritu de humildad, y esta característica eleva a quien se disculpa.  Y en ella se cumplirá la máxima bíblica: “el que se humilla será exaltado”.
Todos somos diamantes para ser pulidos, y cada vez alguien es reprendido justamente y acepta la reprensión con disculpas sinceras, eso hace que esa persona brille más, porque está siendo pulida y se deja, y por consecuencia refleja mayor luz. 
Pero cuando se da el caso de obtener una reacción de negación en la persona reprendida, al final resulta en un diamante no pulido, que sigue por la vida y nunca brillará, es un diamante, pero sin la forma correcta para brillar.  ¡Cuando te disculpas… brillas!


1 comentario:

Len@ dijo...

Me hiciste llorar... Hasta yo lo perdono.